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La Federación Interamericana Empresarial (FIE), es una Corporación de derecho Privado y sin fines de lucro, cuyos estatutos fueron aprobados en Asamblea General del 15 de agosto del 2002 y aprobados por la Subsecretaria regional del Ministerio de Comercio Exterior, Industrialización, Pesca y Competitividad (MICIP) el 10 de junio del 2004.
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MICROCRÉDITO: LO PEQUEÑO TAMBIÉN CUENTA Imprimir E-Mail
Escrito por América Economía.com   
martes, 11 de septiembre de 2007

169Hace menos de un año, cuando la Fundación Whole Planet unió fuerzas con Grameen Bank para implementar un proyecto de microcréditos en Guatemala y Costa Rica, muchos confiaron en su efectividad como método para erradicar la pobreza. Sin embargo, pocos imaginaron que su fundador -el economista de Bangladesh, Muhammad Yunnus- recibiría el premio Nobel de la Paz 2006. Para los promotores del microcrédito, la noticia era esperada. El Grameen Bank, un banco de los pobres para los pobres, cumplía 24 años de haber formalizado sus operaciones. Su tasa de recuperación del 99% era -y es- la envidia de muchos banqueros.

Para Steven Wanta, director del proyecto Grameen en Centroamérica, el éxito de su modelo radica en el reconocimiento de que los pobres "no necesitan ser salvados, ni educados; necesitan capital". Según explica, ésta es la primera vez que la Fundación Grameen aplica la metodología de construir-gestionar-transferir (BOT, por sus siglas en inglés) en Latinoamérica. Sin embargo, la industria del microcrédito no es nueva en la región. Las primeras instituciones empezaron a operar en Perú y Bolivia en los 70, casi al mismo tiempo que el proyecto Grameen en Bangladesh.

Nuevo o no, el microcrédito ha cobrado auge en los últimos años, al punto que ha pasado de ser una actividad exclusiva de las organizaciones no gubernamentales (ONG), a convertirse en una oportunidad de negocio para un número cada vez mayor de instituciones financieras tradicionales. Incluso la palabra microcrédito se quedó corta ante la diversificación de servicios "micro" que se están propagando en la industria. Hoy, el término más adecuado es microfinanciamiento.

Y aun cuando el mercado objetivo sigue conformado por microempresarios, la industria no tiene nada de "micro". Según el estudio Championship League: The Top 100 in Latin America and the Caribbean, patrocinado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Microenterprise Americas, el año 2005 fue particularmente positivo para las instituciones dedicadas al microfinanciamiento (IMF). "Con la inyección de fondos de fuentes comerciales, el alcance de las IMF se incrementó un 33% con respecto a 2004", señala el informe. De ahí que el volumen gestionado por las 100 instituciones principales de la industria ascendiera a los US$ 6.000 millones.

Para Peter Wall, director ejecutivo de Microfinance Information Exchange (MIX), este boom va de la mano de un cambio en el perfil institucional de los proveedores tradicionales de microcrédito. Por un lado, la necesidad de generar escala y de asegurarse un crecimiento sostenible incentivó a las organizaciones no gubernamentales a adoptar un modelo legal y operativo regulado. Es el caso de Compartamos, institución que, después de diez años de operar en México como ONG y seis como sociedad financiera de objeto limitado adquirió el carácter de banco en junio. "Necesitábamos una estructura más sofisticada que nos permitiera acceder a deuda", afirma su director general, Carlos Labarthe. En 2005, su desempeño del 20% en retorno sobre activos dejó atrás a los competidores latinoamericanos. "Al haber nacido como una ONG, tenemos la ventaja de tener un claro sentido de propósito con un mayor conocimiento del mercado", afirma.

Por otro lado, el éxito continuo de las IMF ha cautivado el interés de la banca tradicional, que ha comenzado a ver el microfinanciamiento como una oportunidad de negocio. Este fenómeno, conocido como downscaling, ha evolucionado de distinta manera en cada país. Según el estudio del BID, el banco guatemalteco Banrural fue uno de los casos más notables de 2005, al duplicar su tamaño y superar los 140.000 créditos.

Con todo y el crecimiento acelerado, Matthew Gehrke, gerente regional para América Latina y el Caribe de MIX, advierte que, en términos de rentabilidad, la historia no es igualmente alentadora para todos los países. En lugares como Bolivia, donde la competencia se da a nivel nacional, la rentabilidad se redujo  en 2005. Junto con la caída en las tasas de interés y la dificultad para disminuir gastos, es un reflejo de que el mercado llegó a la madurez. Por el contrario, en países como Perú y México, donde la competencia está segmentada por zonas geográficas, la rentabilidad mostró signos positivos. No es casualidad que el segundo lugar de rentabilidad lo ocupara la institución peruana Promujer, que, siguiéndole los pasos a Compartamos, alcanzó un 13,9% de retorno sobre activos.

En todo caso, el que más ganará en Latinoamérica será el microempresario. Tal como afirman Matthew Gehrke y Renso Martínez, de MIX, en su estudio Benchmarking de las microfinanzas en Latinoamérica 2005, "mientras la competencia representará un reto importante para las IMF, los consumidores seguirán beneficiándose de tasas más bajas, acceso creciente y mejor servicio".

* Publicado por América Economía. Septiembre 11 de 2007. Andrea Tunarosa, Ciudad de Guatemala.