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La Federación Interamericana Empresarial (FIE), es una Corporación de derecho Privado y sin fines de lucro, cuyos estatutos fueron aprobados en Asamblea General del 15 de agosto del 2002 y aprobados por la Subsecretaria regional del Ministerio de Comercio Exterior, Industrialización, Pesca y Competitividad (MICIP) el 10 de junio del 2004.
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EL EXTRAVÍO DE AMÉRICA LATINA Imprimir E-Mail
Escrito por Pablo de San Román   
jueves, 18 de enero de 2007

092América Latina camina como un ánima desorientada, sin luz, ausente de señales y sonidos, de memoria y de visión. El encuentro socialista propiciado por la asunción de Rafael Correa como presidente de Ecuador, fue el más claro signo de hacia dónde se dirigen, políticamente claro, estos desdichados países.  Venezuela, Bolivia, Nicaragua y el propio Ecuador, con toda su dolorosa historia de pobreza, marginalidad y atraso, actúan de incautos huéspedes. Al grito de "socialismo y revolución" sus líderes hacen entrar a una parte importante del mapa regional, a un proyecto descabellado que -tristemente- conocemos cómo termina.

Chávez aparece como el más fiel defensor de esta revolución de ideas y corazones. De este renacer de sentimientos y esencias patrióticas destinadas a restituir a esos pueblos la dignidad humana que perdieron. Y todo ello producto del advenimiento de un orden colectivista, concentrado en distribuir y ejercer el más extenso asistencialismo posible.

Y todo también, acompañado por un encarnizado desprecio hacia la propiedad personal, una utilización discrecional de los fondos del estado, y un avasallamiento generalizado y sistemático de las garantías constitucionales y los derechos más arraigados en la persona (su capacidad de decir y su ánimo de adquirir).

El proyecto socialista pensado por Correa, Chávez y compañía está acompañado por una engañosa retórica (que no debe sorprender) y un fatal destino de desengaño y de brutal choque frente a la realidad. Ecuatorianos, bolivianos y venezolanos, entre otros, encontrarán que las fórmulas mágicas sólo sirven para saquear y fundamentar un orden que arremete, en su fibra más íntima, contra el esbozo democrático de esas sociedades.

Habrá quien diga que la pobreza existente en estos países justifica la generosidad del estado y su comprensión hacia la temática social. Que justifica la intervención del poder público en menguar ese dolor. De acuerdo. Pero lo que no justifica es la destrucción voluntaria y constante de los principios básicos, elementales diría, por los que esas sociedades podrían salir adelante.

No se cuestiona aquí la atención del estado sobre la crisis social, sino el desprecio -bajo ese pretexto- de las atribuciones más esenciales del hombre y el ciudadano.

Nacionalizar, estatizar, intervenir, socializar, distribuir, son acciones inconexas con las posibilidades de desarrollo de la sociedad. Son figuras que transmiten una dadivosidad que extermina la capacidad de iniciativa del individuo y lo pone a la espera de las contribuciones públicas. Clausura su capacidad de emprender e inaugura una mentalidad subordinada, ansiosa y dependiente del subsidio estatal.

En ello consiste la tragedia del asistencialismo que mencionamos. No en la dedicación social del estado, siempre importante en países como los de América Latina, sino en esta más profunda laceración del ánimo individual. El desprestigio de las instituciones, su corrupción y las promesas infundadas, profundizan un camino que sólo puede terminar en la desilusión y el descontento de los pobres (y de todos).

La reunión cumbre preparada en Ecuador y condimentada con la presencia del regidor iraní, no hace más que confirmar el extravío por el que se conduce la política de la región, con muy limitadas excepciones. El futuro será un implacable sentenciador de estas aventuras riesgosas y sínicas, por los que líderes carentes de escrúpulo conducen a sus seguidores. La historia sirve de inexorable referencia. 

* Publicado por Diario Exterior. Enero 18 de 2007.